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Mucho más que comida.

En una cena con amigos dos de ellos compartían sus remedios caseros contra el resfriado. Uno decía que, por supuesto, para él era mano de santo un caldo de pollo con fideos y, el otro, defendía que era mucho mejor un arroz caldoso con pescado. Cómo pasa siendo dietista, puedo acabar implicada en la más absurda conversación en busca de una sentencia nutricional que acabe con la discusión y en este caso no fue menos.

“Anabel, ¿qué es mejor para que se te pase el resfriado?” me preguntaron. Y podía haber acabado la conversación con mi habitual respuesta a estas preguntas en mi tiempo libre “no estoy de servicio” o con una respuesta más elaborada acerca de la verdad que ninguno de los dos quería escuchar “los refriados se pasan y punto”. Pero en este caso me llamó la atención su discusión y les respondí con otra pregunta.

“¿Qué os hacía vuestra madre cuando estabais enfermos?” Los dos sonrieron con nostalgia y recordaron como su madre les cocinaba, a uno, caldo con fideos y, al otro, arroz con pescado. Y entendieron, sin mucha más explicación, que lo que les hacía sentir mejor a cada uno de ellos no eran los alimentos en sí, sino el recuerdo.

Alimentos, mucho más que comida

Y es que los alimentos no son sólo calorías y nutrientes. Los alimentos son cultura, son amor, son pertenencia, son amistad, son tradiciones (de tu país y de tu familia), son muchas emociones entrelazadas y, por supuesto, son recuerdos.

Hace una semana os preguntaba que alimentos os recordaban a vuestra infancia. Por un lado, por curiosidad, por otro, para regalaros el placer que es recordar esos momentos. Sé que el amor y la nostalgía recorría vuestro cuerpo cuando respondíais esta pregunta, igual que a mí ahora mismo escribiendo y recordando estos momentos.

Algunos de los alimentos de vuestra infancia que me compartisteis (disculpad por no poder poner todos) fueron:
Alimentos de la infancia

¿Qué le estamos regalando a nuestros hijos y a nosotros mismos?

Tener en cuenta todo lo que significan los alimentos para nosotros a veces nos hace más sencillo replantearnos: ¿es bueno castigar a nuestros hijos o a nosotros mismos a comer sí o sí comida sana y premiar con comida insana? Y si miramos más allá, ¿qué recuerdos alimentarios les estamos regalando a nuestros hijos? ¿Y a nosotros mismos?

Mis recuerdos de la infancia incluyen alimentos sanos y menos sanos. Recuerdo a una de mis abuelas cocinando fillolos (crepes gallegos) y rellenándolos bien de crema de chocolate (y no de la casera), a la otra cocinando la mejor tortillas de patatas que nadie haya probado (o eso me ha parecido siempre a mí jeje).

Pero también recuerdo las cenas entre risas con mis padres, coronadas siempre por una ensalada que acababa devorada antes de sentarnos a la mesa, los tomates del huerto de mis abuelos, las cerezas, los higos comidos directamente de la higuera y los panzones de fruta en familia.

¿Qué estamos haciendo actualmente?

Puede que sea mi impresión sesgada por mi visión de dietista-nutricionista y, sé que no en todos los casos es así pero, cada vez veo más común el ligar el placer o los momentos en familia, entre amigos o en pareja a alimentos poco sanos.

Y no me entiendas mal, no pasa nada por salir un día a comer una pizza en familia, por tomarte una copa con tu pareja o por cocinar pasteles con tus hijos pero ¿siempre ha de ser así?

Te ánimo a que regales también recuerdos llenos de alimentos sanos.¿Por qué no cocinar en familia y dejar que los niños ayuden a montar su propia ensalada o sus fajitas? ¿por qué no salir a disfrutar de tu pareja buscando algún restaurante con opciones sanas pero bien sabrosas y, sobre todo, pensando que lo importante es disfrutar de su compañía?

En el caso de los adultos, tenemos más opciones para elegir, para razonar y reflexionar, pero, en el caso de los niños, no existe esta posibilidad. Ellos no pueden escoger lo que ponemos a su alcance, no pueden escoger los recuerdos que creamos y, por tanto, nosotros somos los responsables(no hablo de culpa sino de responsabilidad) de regalarles esa sonrisa nostálgica, de aquí unos años, ligada a ese producto ultraprocesado o a ese plato casero que siempre le parecerá imposible de igualar.

¿Te animas a compartir tus recuerdos alimentarios conmigo?

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